Te cuento mi historia
Fui una niña artista. Amaba los escenarios.
Hacía ballet, gimnasia rítmica, teatro, cantaba en los festivales del colegio… El escenario era un espacio seguro donde me sentía libre, presente, viva. Un lugar donde podía ser yo misma.
Pero había algo que me paralizaba: hablar en público en el colegio.
Disertar, leer en voz alta, hacer una pregunta en clases…
Aunque me preparara, algo pasaba: me temblaban las piernas, sudaban las manos, se me aceleraba el corazón. Sentía que mi cuerpo se movía solo. Que todos me miraban. Que iba a decir algo tonto. Me moría de vergüenza.
Me sentía chiquitita, expuesta e incapaz.
Y me acordaba de algo que me dijo el médico cuando me diagnosticó TDA: “Te va a costar un poquito más que a tus compañeros…”
Irónico, ¿no?
Porque años después, estaría frente a cientos de personas, enseñando a hablar con autenticidad y seguridad.
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Desde los cuatro años hago teatro. Siempre supe que quería ser actriz.
El escenario fue mi lugar de juego, de ensayo, de error, de libertad.
Pero fue recién en la universidad, en tercer año, que algo hizo clic.
Una profesora me marcó. Me sentí tan conectada con lo que estaba actuando que me olvidé del juicio, del miedo, del afuera.
Y cuando disfruté… brilló mi voz. Fue una de las primeras veces en que me sentí verdaderamente segura frente al público.
Después vinieron años de formación: teatro aplicado, docencia universitaria, Programación Neurolingüística, coaching profesional… Pero más allá de las técnicas, lo que aprendí fue esto:
La voz no solo se entrena: también se escucha, se siente y se honra.
La PNL y el coaching me ayudaron a llegar profundo, a entenderme, a confiar en mi intuición y a trabajar desde ahí.
A combinar estructura y emoción. Mente y cuerpo. Técnica y alma.
Y fue dando clases en colegios, haciendo talleres, entrenando equipos… que descubrí algo poderoso:
lo que yo hacía era valioso. Y no todo el mundo sabía hacerlo.
Hoy acompaño a mujeres increíbles: líderes, emprendedoras, creadoras, profesionales… Mujeres potentes con historias que merecen ser contadas con el corazón.
He acompañado a más de 500 mujeres a hablar frente a cámaras, equipos y escenarios con autenticidad. Y me emociono con cada una. Me transformo también en el proceso.
Porque cuando una mujer descubre que sí es capaz de comunicar su mensaje, de mostrarse con verdad y disfrutarlo… algo se enciende. Y ese momento, para mí, no tiene precio.
¿Quieres saber cómo podríamos trabajar juntas?
Te invito a conocer mis mentorías y procesos uno a uno, pensados para ayudarte a comunicar con seguridad, autenticidad y disfrute.
Ahí mismo vas a encontrar cómo agendar una sesión de claridad gratuita, si sientes que este puede ser tu momento.