Te cuento mi historia
Desde niña fui muy artista. Amaba los escenarios. Hacía ballet, gimnasia rítmica, teatro, cantaba en los festivales del colegio. El escenario era un espacio seguro para mí: un lugar donde me sentía libre, presente y viva. Un lugar donde podía ser yo misma y disfrutar sin juicio.
Pero había algo que me paralizaba: exponer frente a mis compañeros.
Disertar, leer en voz alta, hacer una pregunta en clases. Aunque me preparara… me temblaban las piernas, me sudaban las manos, el corazón se me aceleraba. Sentía que mi cuerpo no respondía. Que todos me miraban. Que iba a decir algo tonto. Me daba mucha vergüenza. Y recuerdo especialmente una frase que me marcó, cuando me diagnosticaron TDA en la infancia: “Te va a costar un poquito más que a tus compañeros.” Esa frase me acompañó por años.
Nunca pensé que años después estaría frente a cientos de personas dando charlas, y enseñando a otras mujeres a comunicar con seguridad, disfrute y autenticidad.
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Desde los cuatro años hago teatro. Siempre supe que quería ser actriz. Pero fue recién en la universidad, en tercer año, cuando algo hizo clic.
Una profesora me marcó profundamente. Me sentí tan conectada con lo que estaba haciendo que me olvidé del juicio, del miedo, del afuera. Disfruté tanto que sentí que conecté con un poder en mí que no había sentido antes. Fue una de las primeras veces en que me sentí verdaderamente segura frente al público.
Quise entender qué pasaba ahí, cómo se construía esa seguridad.
Después vinieron años de especialización: teatro aplicado, docencia universitaria, Programación Neurolingüística, coaching profesional, coaching transpersonal y ejecutivo, inteligencia emocional. Pero más allá de los títulos, lo que realmente sostiene mi trabajo es la experiencia.
Este año cumplo 10 años dando clases.
Diez años acompañando procesos reales de aprendizaje, exposición y comunicación en distintos contextos: colegios, universidades, relatorías, procesos uno a uno, entrenamientos presenciales y online.
En este tiempo he acompañado y formado a más de 500 mujeres en oratoria, comunicación y presencia, y cada proceso ha sido distinto y profundamente humano. Aprendí algo clave en el camino: la voz se entrena, sí, pero también se escucha, se siente y se honra.
La PNL y el coaching me ayudaron a llegar profundo, a entenderme, a confiar en mi intuición y a trabajar desde ahí. A combinar estructura y emoción. Mente y cuerpo. Técnica y alma.
Hoy acompaño a mujeres líderes y dueñas de negocios. Mujeres potentes, con historias que merecen ser contadas con verdad, presencia y disfrute.
Mi trabajo también ha sido difundido en medios como Radio ADN, Valdivia TV, Publimetro México, distintos podcasts y espacios de conversación, pero lo que más me importa sigue pasando en lo íntimo: en cada sesión, cuando una mujer descubre que sí puede mostrarse, que su voz vale y que no necesita esconderse más.
Porque cuando una mujer descubre que es capaz de comunicar su mensaje, ocupar su lugar y disfrutarlo, algo se enciende por dentro. Y acompañar ese momento es lo que da sentido a mi trabajo.